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jueves, 16 de febrero de 2012

NOCHE DE OFICINA


… A mis fantasmas

Lorena se había quedado sola en la oficina. Miraba sentada en su escritorio entre las montañas de papeles, la luna que parecía tan cercana. Pero se percató de lo lejos que aun se encontraba. Martín, el niño malabarista que alguna vez la había querido, se lo había contado. Que la luna estaba a muchos kilómetros de distancia. A 406.000 en su punto de apogeo y a 363.000 en su punto de perineo. Porque pasaba que su órbita era elíptica y no circular. Era uno más de los datos que Martín tenía en su cabeza y que no servían para nada.

Lorena se había quedado sola en la oficina. Abrió el cajón inferior del escritorio, para sacar una botella de vino tinto a la que recurría en las noches plagadas de recuerdos. Se sirvió un trago en un vaso desechable y recordó a Martín que parecía tan lejano. Martín el niño malabarista que alguna vez la había querido, le contó con una sonrisa que en el año 3.000 antes de Cristo ya existían decantadores de vino. Que apenas hasta el siglo XVII se empezó a tomar en recipientes de vidrio. Otro asunto sin relevancia.

Lorena se había quedado sola en la oficina y contemplaba adormecida por el vino, los diplomas y placas que la reconocían como la mejor empleada del gremio. Había perdido la cuenta de los triunfos laborales alcanzados. Miró la fotografía del primer día en la empresa que parecía tan cercano. Dos días antes le había dicho a Martín que colgaba boca abajo en un trapecio, que sus tonterías no se ajustaban al nuevo panorama de sus días. Por eso, Martín lloró patas arriba, por lo que las lágrimas se le fueron a la frente. Le dijo que las lágrimas eran un 98.3% agua, y el resto era glucosa, sodio, potasio y algunas proteínas. Más tonterías.

Lorena se había quedado sola en la oficina. Miró el reloj en la pared que marcaba las once de la noche. Vio su reflejo en la ventana. Detrás de si no vio nada, solo montañas de papeles. Se reclinó en la silla de cuero. Del cajón inferior del escritorio, extrajo un chocolate para contrarrestar el gusto amargo del vino. Había leído que el chocolate era antidepresivo. Recordó a Martín el niño malabarista que ahora parecía tan cercano, cuando sonriendo le dijo que según algunas estadísticas, cada persona consumía 3 kilos de chocolate al año.

Lorena se había quedado sola en la oficina. Sabía los misterios del interés compuesto, de la tasa interna de retorno y los estados financieros. Sabía además, que en épocas de recesión era aconsejable aprovechar el bajo precio de los inmuebles. Como todo eso le pareció información irrelevante, lloró. Pero esa noche, las lágrimas le corrieron hacia arriba.

jueves, 19 de enero de 2012

DES BESAR


…A “Anarkos”, un gran amigo

Como el Otelo de Shakespeare, Facundo era consumido por los celos. Entendía a las mujeres como sábanas blancas e inmaculadas, que eventualmente quedaban con manchones de tinta indeleble por cuenta de cada caricia, cada orgasmo, cada beso de un amor pasado. Por ello no le perdonó nunca a su novia Rosa María que antes de él, alguien hubiese osado invadir el territorio que consideraba suyo y de nadie más.

Se atormentaba pensando en su amada bajo su ex novio gimiendo de placer, que un hombre que no fuera él la hubiese visto desnuda contra la luz de la ventana, con su espalda larga y bien hecha, con sus dos cavidades antes de las caderas, con sus senos redondos, su cara pulida y sus ojos verdes.

Pero un día como cualquier otro, Facundo se hartó de la situación y decidió tomar cartas en el asunto. A Rosa María, su ex novio Nicolás, la tendría que des besar, que des acariciar, que des hacerle el amor. Y así, sólo así, Rosa María recuperaría su pureza y con ella, Facundo su tranquilidad.

¿Pero cómo llevar a cabo tan extraña tarea? ¿Acaso era posible evitar lo ya consumado? ¿Borrar las caricias, los abrazos y los besos de días pasados? Pensó en el asunto durante varias noches sin llegar a respuesta alguna. Le planteó la cuestión a un par de amigos, y ambos le dijeron que estaba ante un reto sin solución.

Facundo no se resignó y un día decidió que el primer paso, era obligar al ex novio de Rosa María que en tiempos pasados la había besado, acariciado y hecho el amor a que la des besara, la des acariciara y le des hiciera el amor. Decidió entonces, en compañía de sus dos amigos secuestrar a Nicolás.

Al atardecer, Nicolás salía de la oficina de correos por la calle acostumbrada y solitaria, y allí al lado de vagabundos y canecas de basura abiertas, Facundo y sus amigos lo atraparon, le vendaron los ojos, y lo lanzaron al interior de un camión que avanzó a toda prisa hacia las afueras de la ciudad.

Una vez se encontraron en la vieja fábrica abandonada, liberaron a Nicolás de su máscara. Este miraba asustado a tres hombres y escuchaba aturdido, como el del medio le ordenaba que des besara, des acariciara, y le des hiciera el amor a Rosa María. Nicolás le dijo empapado en sudor, que no tenía idea como se podía hacer eso. Que él sólo sabía besar, acariciar, y hacerle el amor a una mujer. Pero no sabía invertir dichas acciones.

Facundo no contento con la respuesta, le propinó un golpe a Nicolás que tenía los brazos atados tras una silla de madera. Este calló de espaldas indefenso y con la nariz sangrando. Nicolás suplicó sin éxito que no lo maltrataran, ya que los puntapiés no se hicieron esperar, y mientras tanto, Facundo le ordenaba que le devolviera la pureza a su novia.

De repente, una silueta femenina se proyectó en las paredes de lata de la fábrica. Era Rosa María, que había seguido a Facundo y lo había escuchado todo. Sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas, su pelo desordenado se agitaba con el viento y su labio inferior temblaba como queriendo decir algo.

Salió corriendo del lugar y abordó su motocicleta. Facundo no pudo alcanzarla y corriendo tras ella le gritó que todo era un mal entendido.
Meses después, Facundo jamás pudo volver a entrar a la casa de Rosa María, y la madre de su amada jamás se la pasó al teléfono. Las serenatas, las flores y los caramelos fueron inútiles.

Fue así como Facundo comprendió, que si bien no había logrado que Nicolás des besara, des acariciara y les des hiciera el amor a Rosa María, él si la había logrado des enamorar.

lunes, 29 de agosto de 2011

EL TIPO POR EL QUE CONOCÍ LA POLÍTICA


Cursaba primer semestre de Administración Ambiental en la Universidad Tecnológica. Creo que era el año 1999. Mi único contacto con la política lo había tenido mediante un trabajo fugaz con una entidad pública, en la que tuve que ver a los funcionarios de dicha entidad favoreciendo manzanillos con dineros públicos en época electoral y prometiéndole a la gente más humilde cosas que nunca se cumplirían. Un grupo de señores que solo había visto en afiches, de lejos, al verlos en el día a día, de cerquita, me generaron una apatía gigantesca por la política y los políticos.

Entré a la universidad pensando y diciendo lo que todo el mundo expresa. “Que todos los políticos son iguales”. Recordaba como estos tipos eran paredes para adentro, la antítesis de sus discursos llenos de sensibilidad social y preocupación por los débiles. Hábitos decadentes, incompetencia, mentiras, arribismo y fantochería.

Recuerdo haber entrado desprevenido a la cátedra de administración general. Llegó un tipo delgado, con un blazer de cuadros y paso acelerado que se acomodaba las gafas a cada rato. Dijo que se llamaba Aurelio Suarez, y en tono ameno y apasionado nombró una por una, y sin mirar un solo apunte, cada una de las escuelas de la administración. Siempre me pareció que tenía algo distinto a las demás personas.

Con el paso del tiempo me dí cuenta que ese profesor participaba en política, por que lo ví casualmente por uno de los canales regionales, dando un debate contra la privatización de una empresa del municipio. Tras un tinto casual con él, entendí que lo que lo diferenciaba de los demás era ser el mismo las 24 horas del día. Vivir de acuerdo a su discurso.

Una vez, lo abordé en un restaurante y le dije sin saber absolutamente nada de política que quería acompañarlo en “eso que él hacía”. De ahí en adelante, me reconcilié con la política y entendí que no participar de esta nos aleja como ciudadanos de los temas más importantes de la sociedad. Comprendí la importancia de tomar parte activa de la historia, de acompañar las movilizaciones de aquellos colombianos marginados del desarrollo, y entedí ante todo, que no todos los políticos son iguales.

A estas alturas, creo que ya olvidé las escuelas de la administración. Pero de ese profesor me quedó la sensibilidad social, la constancia, y la convicción profunda de que es posible transformar este país en un mejor lugar del que heredé.

Por las calles de Bogotá se ven unos afiches amarillos del ahora candidato a la alcaldía preguntando ¿Quién es Aurelio? Pues bien, yo lo supe hace mucho, y estoy feliz de formar parte de esa lista interminable de personas cuya vida fue influenciada por sus enseñanzas. Ojalá los bogotanos sepan valorar al mejor candidato a la alcaldía que hayan tenido jamás.

miércoles, 15 de junio de 2011

EL MODELO PEREIRANO


Pereira concentra el 50% de la población risaraldense con 460.000 habitantes, de los cuales el 80% se encuentra en la zona urbana. Además, la ciudad concentra más del 70% del PIB departamental, de modo que su situación económica, determina en gran medida la situación económica del departamento. A continuación, presento algunas apreciaciones sobre el modelo económico aplicado en Pereira durante los últimos 12 años.

El 8 de agosto del año 2000, el congreso colombiano expidió la Ley Quimbaya. En dicha ley, se reconoció a Pereira como una de las zonas afectadas por el sismo del 25 de enero del año 1999. Con esta, se brindó una serie de exenciones de renta, así como otras facilidades económicas, a aquellas empresas de la región que a causa del terremoto hubiesen presentado disminución en sus ingresos de al menos un 30%.

Un año despues de expedida la ley, la doctora Martha Elena Bedoya R. llegó a la alcaldía de Pereira y tomó como una de las banderas de su administración, la transformación de Pereira en una ciudad de vocación comercial. Las expectativas fueron muchas y la medida, enmarcada en el discurso de la ecorregión de aquel entonces, parecía ser uno de los eslabones de una trinidad perfecta formada por la región quindiana turística y agroindustrial, la región caldense educativa y cultural y claro está, la región risaraldense comercial.

Como la Ley Quimbaya incluyó como beneficiarios de sus exenciones a hiperalmacenes foráneos, estos llegaron a la ciudad con ventajas gigantescas sobre los comerciantes minoristas. Mediante planes parciales y desplazamiento forzoso de los vendedores ambulantes de la ciudad, Pereira se embarcó en la aventura de reforzar el sector terciario de su economía, en detrimento del sector productivo, y la vocación comercial terminó por convertirse en una renuncia a la generación de valor agregado y en vocación importadora.

Los resultados: Tras la llegada de al menos seis hiperalmacenes, Pereira reportó un crecimiento económico engañoso. La economía pereirana pasó de crecer 2.18% en el año 2002 a 3.7%, en el año 2004. Sin embargo, el porcentaje de desempleados entre el año 2002 y 2004 mantuvo niveles del 15.6% y una tercera parte de las personas empleadas de aquel entonces, se encontraba en situación de subempleo, principalmente, por bajos ingresos.

En el año 2004, en doctor Juan Manuel Arango llegó a la alcaldía de Pereira. Para ese entonces, la política de confianza inversionista consistente en atraer inversión extranjera a toda costa, para generar bienestar social a partir de crecimiento económico, se encontraba consolidada.

Durante el cuarto trimestre del año 2006, varios factores de orden internacional, pero principalmente la entrada de capitales al país y a la ciudad, generó un crecimiento en la economía nacional del 6.3% y en Risaralda del 5.4%, el más alto desde 1997. Sin embargo, el desempleo en términos generales mantuvo niveles del 15%. La situación fue tan notoria, que en el informe de coyuntura económica del primer trimestre del año 2007 realizado por la Cámara de Comercio de Pereira, la Gobernación de Risaralda y la misma Alcaldía de Pereira, ya se hablaba de “la paradoja de crecimiento sin empleo”.

Los resultados: Vino una aparente mejoría. En la ciudad se incrementó el número de centros comerciales, porque las familias habían aumentado su capacidad de consumo, varios sectores como la construcción, habían reportando crecimientos importantes y además en el año 2007 el porcentaje de desempleados bajó a un sorpresivo 13.6%. Igual, pereira ya se había ganado un lugar en el podio de desempleo nacional. (Tercera despues de Ibagué y Pasto).

Lamentablemente, durante el período de gobierno del señor Arango, Risaralda se consolidó como el departamento con mayor numero de migrantes. Debido a que el sector terciario no logró absorver los puestos de trabajo que dejaron de existir en el primario y el secundario, muchos pereiranos no tuvieron más remedio que emigrar en su gran mayoría, a España y Estados Unidos. Como las remesas pasaron de 405.6 millones de dólares en el año 2005 a 549.9 millones de dólares en el año 2007, un número significativo de personas al empezar a vivir de estas, disminuyó la presión sobre el mercado laboral. Pereira se convirtío entonces, en una ciudad con muchos sitios para gastarse el dinero, pero pocos donde hacerlo. Esta burbuja, estallaría despues.

En el año 2008, llegó el gobierno de las oportunidades. Israel Londoño entró a la alcaldía en el peor de los momentos. La crisis económica mundial, originada por la especulación inmobiliaria en Estados Unidos le daría la vuelta al mundo hasta llegar a España. Las remesas se afectaron un 15% y los 140.000 pereiranos que se beneficiaban de ellas bajaron su nivel consumo. A esto se sumó la caida del café y la concentración del mercado de bienes en las grandes superficies.

Los resultados: Los mensajes de felicitación del entonces presidente Álvaro Uribe a la ciudad como “campeona de la competitividad”, fueron ironicamente, un mal presagio. Durante toda la administración del doctor Londoño, Pereira mantuvo sus índices de desempleo entre 23% y 19% llegando a ser la ciudad con mayor número de desocupados en el país. Los planes de choque para tratar de revertir los efectos de la política económica impulsada por la Casa de Nariño, se vieron afectados por la política social del mismo gobierno, ya que para no perder el acceso al subsidio de familias en acción, muchos ciudadanos se negaron a entrar en el mercado laboral. Fracaso a dos bandas.

Pereira por el momento es un examen perdido. Urge que dentro de la ciudadanía, se promueva una opción distinta a la encarnada por aquellos que queriendo repetir, o apoyados en otro candidato con sus mismas tesis, pretenden perpetuar un modelo de crecimiento ilusorio. De no hacerlo, estaríamos perdiéndonos una oportunidad única de redireccionar las cosas y sucumbiendo ante la mediocridad.

domingo, 22 de mayo de 2011

HACER LEER


Hace poco, en una clase, les pregunté a mis alumnos cual fue el último libro que leyeron. Casi la mitad del salón admitió no haber tocado un libro desde el colegio, cuando el profesor de español los obligaba. Por su parte, los pocos lectores habituales, hablaron de títulos como El cartel de los sapos, Sin tetas no hay paraíso, Las prepago y un par de obras de Paulo Coelho. Los miré perplejo, sin saber por quienes preocuparme más, si por los que no leían nunca o por aquellos que estaban leyendo lo que estaban leyendo.

Llegué a mi casa a pensar qué libro recomendarles a mis estudiantes. Debía ser algo apropiado para personas que por simple desconocimiento, aborrecen leer. Obras maestras como La Divina Comedia, El Quijote, o Ulises, por su complejidad y extensión requieren haber logrado cierta intimidad con la lectura. Y esa intimidad solo se logra después de un buen kilometraje de páginas leídas. Se requería entonces de algo más sencillo, pero no laxo.

Oscureció y no tenía la respuesta a mi pregunta. Decidí examinar varios libros que mantengo a la mano:
• Acerca de la práctica de Mao Tse Tung, un libro muy delgado que leo cada vez que me siento como un teórico de cafetería. Una estimulante invitación a volcar lo que sabemos de la transformación de la sociedad, a tener de vez en cuando arena en los zapatos.
• La quinta disciplina en la práctica de Peter Senge. Un interesante abordaje de la realidad, mediante relaciones cíclicas de causas y efectos. A pesar de ser criticado por algunos académicos, ha demostrado ser de gran ayuda para el abordaje de problemas ambientales.
• Cien años de soledad. Lo valoré de manera tardía. Entendí toda su gracia cuando leí un prólogo de Mario Vargas Llosa en la edición conmemorativa, y sí, es tal el poder descriptivo de García Marquez que cada vez que leo algo sobre Macondo siento la camisa pegada por el calor.
• Las aventuras de Sherlock Holmes, de Sir Arthur Connan Doyle. Entretenido a más no poder. Siempre finales ingeniosos. Se entiende por que Sherlock Holmes y su eterno ayudante el Doctor Watson, tienen tantos fanáticos en el mundo.
• El Aleph y cualquier cosa de Jorge Luis Borges, un escritor que tiene su propio universo. El destino, nuestro destino, al final de un laberinto.
• Solomán de Ramón García Dominguez, un libro infantil que recuerdo con mucho cariño. Habla de las peripecias de un tipo común y corriente, que termina por ganarle la partida a Supermán, Batman y al resto de la liga de la justicia.
• Drácula de Bram Stocker, antes de que los vampiros se convirtieran en galanes de secundaria llenos de preocupaciones superficiales, surge esta obra maestra, que considero más de amor que de terror.
• Y para no alargarme, algunas cosas de Andrés Caicedo, Tomás Carrasquilla, muchas cosas de Saramago, Shakespeare, Alejo Carpentier y un mundo de escritores que irrespeto por no nombrar aquí.

Al final, entendí que lo más importante era buscar lecturas que inicialmente, lograran un vínculo emocional con aquellos estudiantes. Algo que de alguna manera les hablara de sus vidas. Que los llevara de lo sensitivo a lo racional.
¿Qué ven los estudiantes en su día a día? Violencia y narcotráfico. Pero de eso estamos saturados y el tema se ha convertido en una fórmula fácil usada por los escritores colombianos para vender más libros. Por ello, descarté algunos títulos que aunque entretenidos, no se salían de allí.

Al final, despues de hablar con una sicóloga de los conflictos afectivos de las nuevas generaciones, me decidí por el amor. Me di a la tarea de buscar un par de libros que hablaran del amor y las relaciones afectivas y que fueran de autores colombianos para que el contexto les resultara familiar a los estudiantes.
Finalmente, me decidí por dos libros: Fragmentos de amor furtivo de Hector Abad, una nóvela que guarda estrecha relación con Las mil y una noches, en cuyo transcurso se presentan las reflecciones de Rodrigo, un cúmulo de todas las taras y complejos que tenemos los hombres a la hora de relacionarnos con una mujer, y de Susana, un mapa del confuso mundo interior de las mujeres. El segundo libro elegido fue Del amor y otros demonios de Gabriel García Marquez, no sin antes pedirles a mis estudiantes que a partir de dicha novela definieran el amor.

Al final, fue muy agradable ver a mis alumnos comentar entusiasmados lo que encontraron en ambos textos. De alguna u otra manera sentían mucha conexión y afinidad por los personajes de ambas obras. Un par de alumnas me dijeron haber redescubierto a García Márquez hace poco, leyendo Cien años de soledad, y otro más ambicioso se le ha medido a la Divina Comedia. Una mayoría tal vez a estas alturas haya olvidado el ejercicio, pero por una o dos personas, todo vale la pena.

La verdad ignoro qué piense la ortodoxia literaria acerca de las dos obras que elegí. No importa. Al menos fue gratificante ver hablar a un grupo de estudiantes sobre algo distinto al reality de moda, o la granjita de facebook.

miércoles, 18 de mayo de 2011

LA DISPARATADA POLÍTICA PEREIRANA


Mucho antes del 7 de agosto del año 2010, fecha en la cual Juan Manuel Santos se posecionara como presidente de Colombia, los bandos políticos se movieron como nunca antes. Cada uno de los candidatos que participaron en los debates televisados, algunos con posturas críticas frente al primer mandatario, corrieron como pajes medievales a poner sus rodillas sobre el hegemónico Pacto de Unidad Nacional.

Noemí Sanín se apartó del camino silenciosa, despues de su patético papel en los debates, Antanas Mockus que ya se había ido a la casa de Nari para ofrecerse a cuidar los huevitos de doña Rumbo, aun hoy mantiene posiciones vacilantes, Germán Vargas terminó en el ministerio del interior del nuevo gobierno, Rafael Pardo que en varios debates cruzó sables con Santos, se sumó junto con su partido al gran pacto, y Gustavo Petro, el supuesto candidato de la izquierda democrática de espaldas al partido que lo apoyó, se reunió con el presidente electo, traicionando el voto de aquellos que reconocieron en él una opción por fuera de la política tradicional.

Pero si nacionalmente las cosas son ilógicas, en la ciudad de Pereira la situación raya con lo absurdo. Pereira, que durante años ha mantenido tasas de desempleo de dos dígitos, que es una de las ciudades más violentas del país, que sufre un radical proceso de desindustrialización, que persigue a los vendedores ambulantes mientras inunda de exenciones tributarias a los hiperalmacenes, en donde cada vez son más frecuentes las privatizaciones y los manejos irregulares del patrimonio público, hoy se supone, será salvada por aquellos que la dejaron así.

El partido liberal, con su milenaria y malsana maquinaria electoral pretende reencauchar a Juan Manuel Arango, el del escándalo de Enertolima entidad socia de la Empresa de Energía de Pereira, hoy investigada por la Contraloría General de la República , pero hay que estar tranquilos ya que el partido de la U, ha querido refrescar la escena política con el candidato Enrique Vásques Zuleta, símbolo del continuismo de las tesis neoliberales y populistas del alcalde Israel Londoño, mandato bajo el cual la ciudad llegó al primer puesto de desempleo de Colombia, y que además hoy es investigado por la Procuraduría General de la Nación, por presunta participación indebida en política.

Hoy liberales y uribistas, se achacan mutuamente la culpa por la actual situación de la Empresa de Energía, pelea sin sentido cuando se sabe que nacionalmente ambos partidos están unidos bajo la cobija del uribosantismo. Y para acabar de completar las cosas, el petrismo, el otrora adalid de la moral al interior del Polo Democrático hoy por fuera de esa colectividad, adoptando una actitud valiente y progresista ha decido apoyar la candidatura de Juan Manual Arango, una bofetada para sus seguidores.

Los culpables del desastre pereirano se pavonean por foros universitarios y medios de comunicación, proclamándose como nuestros redentores. Todo está pasando ante nuestros ojos, en cámara lenta y allí nosotros inmóviles, mientras que muy pocos se atreven a decir algo.

jueves, 3 de marzo de 2011

QUE SANDÍA BARATA NI QUE OCHO CUARTOS


Hace pocos días varios amigos emocionados, me enviaron por internet un video en el que un japonés hablaba de lo rico que es nuestro país.[1] Durante casi quince minutos, el hábil orador pronunció un discurso lleno de frases ingeniosas mientras que el auditorio escuchaba embrujado y con el pecho henchido de amor patrio.

Habló de nuestras esmeraldas, flores y demás riquezas naturales. Habló de las sandías, y de cómo estas eran adquiridas por nosotros a muy bajo precio, mientras que para ellos dicha fruta es una suerte de manjar caro y exótico.

Las candidatas al reinado de la belleza, locutores, presentadores y organizaciones de jóvenes caribonitos y sonrientes, repiten hasta el cansancio que tenemos dos oceanos, todos los climas, esmeraldas, petroleo, y gente muy trabajadora, cosa con la que estoy totalmente de acuerdo. Con lo que discrepo, es que a partir de dicha enumeración, se infiera que los colombianos no vivimos en el paraíso que merecemos porque sencillamente, no hemos tomado conciencia de lo rico que es nuestro país.

Colombia, al igual que muchas naciones del mundo ricas en recursos naturales padece problemas de altísima complejidad, que están lejos de ser resueltos por un cúmulo de frases ingeniosas y optimistas. Libia e Irak rebosantes de petroleo, no de sandías, están muy lejos de ser paraísos. Igual sucede con varios países africanos donde toda esa biodiversidad convive con el hambre y la miseria.

Shakira, Juanes, Falcao, Llinás y Botero han triunfado en el exterior dejando nuestro nombre en alto. Me alegra como colombiano que soy que así sea. Pero es iluso presentar la lista de nuestros compatriotas más famosos como la tabla de salvación de nuestras innumerables dificultades.

Por ejemplo, el mejor jugador del mundo en 1995 según la FIFA fue George Weah de Liberia. Liberia, es un país africano que entre los años 1999 y 2003, pasó por una guerra civil que dejó cientos de miles de desplazados, y grandísimos daños sobre su economía. Para el año 2009, la tasa de desempleo del país fue del 88% la segunda más alta del mundo, y por si fuera poco, el país se ha convertido en un paso obligado del tráfico de cocaína entre los productores africanos, Europa y Estados Unidos. Quien les diga a los liberianos que su problema es de actitud, o que estén tranquilos porque Weah es de allá, estaría arriegándose al linchamiento.

Cuando sube el precio del petroleo, algunos fertilizantes se encarecen. Por ello, los costos de producción para muchos caficultores se incrementan, razón por la cual ganan menos, reducen su capacidad adquisitiva, y de allí para adelante el panadero, el zapatero y todo el pueblo vende menos por lo que sus condiciones de existencia se envilecen. Ni que decir de aquellos empresarios asfixiados de impuestos mientras que a los hiperalmacenes foraneos los llenan de gavelas trinutarias, o de esos pequeños mineros que el gobierno nacional trata como a delincuentes, mientras que las multinacionales de la minería borran montañas enteras del mapa para llevarse nuestro oro. ¿Que les vamos a decir? ¿Que estén tranquilos? ¿Que en Colombia hay dos oceanos? ¿Que Shakira es de por aquí? ¿Que Colombia es pasión?

Se podrá decir que soy pesimista, pero no me siento así. Creo que no hay nada más optimista que pensar que algún día los colombianos entenderán que no hay fórmulas mágicas para vencer las talanqueras que impiden que seamos la nación que deberíamos ser, y que algún día en el poder habrá un grupo de colombianos que tenga – como dice el senador Jorge E. Robledo – su suerte personal ligada a la suerte de la nación.
Por el momento, tendremos que trabajar muy duro, desplegar lo mejor de nosotros, y usar al máximo nuestros conocimientos para enfrentar nuestra realidad caótica y llena de problemas de fondo. No hay soluciones fáciles. No hay recetas mágicas, pero creo que algún día lo podremos lograr.